Un farsante, que se hace pasar por torero de fama en Nueva York, deja en ridículo a España; sin embargo, la mayor farsa es la propia fiesta de los toros y el flamenquismo barato que se le asocia. Siete días después de aparecer este artículo, la publicación zaragozana y republicana La Democracia, lo reproduce. La consideración internacional de España continuaba en declive por el conflicto de Marruecos, máxime ante la reciente dimisión del general Martínez Anido. No parece que enclaustrarse en la imagen de un país flamenco y toreril fuese la mejor solución.

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