Escultura

Ramón Acín y la escultura

Si la pintura de Ramón Acín viajó de la masa a la línea, su escultura también lo hizo. De las primeras y escasas obras a sus figuras de chapa recortada de finales de los años veinte, transita el concepto de línea, como había pasado con su pintura. Acín se mueve mejor en esa línea volumétrica.

Las piezas realizadas a finales de los años veinte y que fueron recibidas por la crítica con todos los parabienes -como lo reflejan sus exposiciones en las vanguardistas y exquisitas Galerías Dalmau de Barcelona (1929) o en el Ateneo de Madrid (1931)- muestran esa definición por la línea y por una sobriedad rayana en la modestia solamente concebible por los conceptos socialmente democráticos de Acín. Manuel Abril, crítico de arte y fundamental teórico de las vanguardias, le dedicó un artículo que define magistralmente esta cualidad.

Pero los últimos años de Acín marcan el interés por otro camino. La escultura monumental y urbana. Ya en su pintura realiza una serie de pequeños frisos que sugieren una escala mayor y en los que la armonía del movimiento hace bailar las composiciones.

Acín pergeña obras monumentales. Quiere ser arquitecto global. Entiende su participación artística como parte de un proyecto constructivo para una sociedad nueva. Acín hizo suyo el racionalismo y la labor de los arquitectos que trabajaron para hacer un mundo mejor. Mas su aportación, como la de aquéllos, no era solamente funcional. Como buen humanista, sabía que utilidad y belleza deben estar unidas.

Especialmente representativo de Acín es el “Monumento a las Pajaritas” erigido en el parque de Huesca el año 1929 y que así definió el pintor Antonio Saura:

Lo cierto es que este lúcido diablo, ese raro Acín, que tan bien supo levantar la voz, nos dejó junto a su ramificada generosidad libertaria y el chisporroteo polifocal de su talento, una de las más bellas esculturas creadas para un jardín, y que esta escultura, en su gesto a un tiempo drástico y amable, resume, con mayor acierto que otros monumentos grandilocuentes y fatuos, plástica lucidez y experimentación, juego intemporal y frescura primigenia. (Catálogo Acín, 1988, pg. 64)

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