Félix Lafuente Tobeñas

Félix Lafuente Tobeñas

(Huesca, 1865 - Huesca, 1927)

Una breve aproximación a la biografía del pintor Félix Lafuente Tobeñas nos sitúa en Huesca el día 20 de noviembre de 1865, cuando vio la luz el hijo del «molendor» Lorenzo Lafuente y de Rosa Tobeñas, Félix Lorenzo Lafuente Tobeñas en el bautismo. Esa misma luz que tan sutilmente supo recrear en los lienzos, se apagaría para él el día 9 de octubre de 1927, en su domicilio de la calle Duquesa de Villahermosa.
Tras los estudios de Latinidad en el Seminario de Huesca, Lafuente se matricula en el Instituto. Lo hace sólo en las clases de dibujo, para preparar su traslado a la Escuela de Artes de Madrid. Tiene 19 años cuando inicia dichos estudios que culmina el curso 87-88. Desde el año 1888 Lafuente comparte estudio de escenografía con Amalio Fernández, pintor albaceteño precursor de esta modalidad artística.
Cuando Félix Lafuente vuelve a Huesca en 1893, se hace cargo de las clases de dibujo del Instituto y pinta una gran cantidad de paisajes. Pueden verse en instituciones públicas oscenses como el Casino, el Ayuntamiento, la Diputación, el Museo Arqueológico, la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación y en varias colecciones particulares, especialmente en la colección familiar.
Es a partir de 1905 cuando Lafuente se desplaza a la capital aragonesa y participa en los grandes trabajos decorativos que implicó el montaje de la Exposición Hispano Francesa de 1908. Permanece en Zaragoza hasta el inicio de su enfermedad que lo devolverá a Huesca sobre el año 1915, colaborando con el Heraldo de Aragón periódico en el que publicó más de un centenar de dibujos de todo tipo: desde retratos a paisajes urbanos, también anuncios publicitarios o figurines de moda. Igualmente diseñó decorados religiosos como el del Convento de la Asunción en Huesca o el zaragozano de Santa Engracia, y decoraciones civiles, tal que la del Palacio de los Duques de Villahermosa en Pedrola.
Una parálisis progresiva impidió al artista pintar en los últimos años de su vida, aunque mantuvo abierto su estudio durante algún tiempo. Ramón Acín, que había sido alumno de Lafuente hacia 1898, y le había dedicado varios artículos de gratitud y estima profesional a lo largo de su vida, publicó una emocionada necrológica en el Diario de Huesca el martes 11 de octubre de 1927, dos días después del fallecimiento del pintor, en la que se reconoce «el San Juan de sus discípulos» y comenta el prolijo trabajo de su querido maestro como pintor e ilustrador.
Félix Lafuente no pintó temas grandes ni realizó composiciones extraordinarias fuera de los teatros y las iglesias. Pero en pintura lo que cuenta no es sólo el tamaño. Como dijera Antonio Saura, lo bello es lo intenso. Nada que ver, pues, con los formatos.